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Decoración Flamenco barroco holandés

Pulo de Rubens. Su primera obra arquitectónica la constituyó la iglesia de los jesuitas de Lovaina, de maciza y vigorosa fachada, eslabonada por pilastras. Consta de dos pisos y el interior se divide en tres naves longitudinales. Al mismo arquitecto se le atribuyeron otros edificios, entre ellos la iglesia de Notre-Dame de Hans-wyck.
El gusto palaciego y doméstico presenta también sus variantes. Sylvano Boulin construyó el ahora palacio de Justicia de Fur-nes, con columnas monolíticas dórico toscanas en la parte interior y corintias en la superior. Rubens bregó para que sus compatriotas construyesen mansiones burguesas como se hacía por esaépoca en Genova, es decir, quería italianizar el gusto del momento. Pero no lo consiguió. La creación arquitectónica mejor lograda del pintor fueron los arcos triunfales erigidos en Bruselas, en 1635, para celebrar la entrada del archiduque Fernando. Hoy se conocen por los grabados de van Thulden. Otra muestra importante del barroco flamenco es la puerta del Mercado de Pescado, en Gante. Sin embargo, los belgas siguieron viviendo en las antiguas edificaciones, donde la profusión de ventanas hace desaparecer las superficies. La novedad consiste en un barroco flamenco con pilastras, marcos y tejados, como ocurre en las casas gremiales de Bruselas de que se habla anteriormente.
Lo importante del barroco es que se asimila al espíritu del país y crea un gusto típicamente nacional.
Mientras la arquitectura crea un gusto y un estilo, la tapicería flamenca entra en una espiral de producción a destajo. De sus talleres sale gran cantidad de tapices, que llevan el gusto flamenco por toda Europa. De nuevo aparece aquí la figura de Rubens, cuyos cartones favorecen durante un tiempo la producción de la época. La fabricación tiende a concentrarse en unas pocas familias. Estas llegan a constituir verdaderas dinastías industriales e hicieron grandes esfuerzo para sostener el nivel productivo. Al mismo tiempo se adoptaron medidas para evitar que los operarios calificados fuesen a colaborar en talleres extranjeros. A mediados del siglo XVII otro gran pintor, David Teniers, asegura cierta boga al tapiz llamado “rústico”, con escenas populares y campestres. Todo ello fue divulgado por las cortes europeas y pueden verse hoy en los grandes palacios. Los hay en el Escorial, en las grandes colecciones de tapices del palacio de Segismundo, en Cracovia.