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Trabajos manualidades

Existen, además, una gran variedad de plásticos, tanto mates como brillantes, algunos de los cuales también imitan la piel natural. No nos será difícil encontrar, entre toda esta variedad de materias, la más adecuada para ribetear las piezas de rafia que queramos construir.
Veamos cómo debemos proceder:
Se coge la pieza de rafia, ya convenientemente cortada en la forma deseada, y se la encara en el mismo canto con la tira de piel, semipiel o plástico que, previamente, habremos cortado a una anchura de 2,5 cm aproximadamente. Las dos caras buenas, las del derecho, de ambos géneros, deben unirse de forma que mientras la pita nos presentará su lado derecho, la tira nos mostrará el izquierdo. Se cose en toda su longitud a mano o a máquina. Si es la máquina lo que se utiliza, nos permitimos aconsejar que el pespunte no sea demasiado corto ni que la aguja empleada sea demasiado fina. Una vez realizada tal operación, se da la vuelta a la tira hacia el borde de la rafia, para pasarla a la parte inferior de la misma. Una vez realizada esta operación, se pasará un segundo pespunte por la parte derecha de la rafia, al lado del borde del ribete, que se ha cosido anteriormente. Ni qué decir tiene que, al darle la vuelta a la tira, se ha de tener la precaución de que ésta sobrepase la medida del primer pespunte realizado; de lo contrario, el segundo pespunte no sujetaría bien el ribete.

LAMPARAS COLGANTES

obre la mesa
Una simple lámpara de úpula, «personalizada» ¡radas a un gran añuelo de colores vivaces: m sistema conocido desde lace mucho tiempo y muy isado, sobre todo, para iecoraciones «rústicas»,  ¡ero simplísimo y, lormalmente, de buenos esultados.
Lámparas de :asquete, en acero satinado 5 barnizado que permiten jna excelente iluminación ie todos los comensales, ‘mportante para tal fin, oero generalmente descuidada, es la correcta altura desde tierra. La lámpara debe ser instalada de modo que no encandile a quien se desplace por el lugar: o sea a una altura de tierra alrededor de los 160 cm. Una polea, como la que poseen muchas lámparas, permite variar a voluntad la altura de las instalaciones lumínicas.
Si hay que desplazar en parte el «punto luz», se podrá recurrir, como aquí, a un caveto de acero fijado a una anilla: solución no sólo simple, sino incluso estéticamente válida.