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Bordados a mano

Bordados a mano
El bordado a mano es algo más complicado que el bordado a, máquina, pero también mucho más apreciado. Para ser una buena bordadora a mano se necesitan años de experiencia. El arte de bordar se remonta a tiempos muy remotos y tiene, como todo, su propia historia. Los frigios inventaron el arte de bordar con aguja de ahí que tales obras se llamasen Phrygionice, pero fue el rey Átalo, de Asia, quien por primera vez decidió que se utilizasen en los bordados los hilos de oro. Babilonia fue muy celebrada por aportar a dichos trabajos colores diversos y vivos.
En España, las artes del bordado se introducen por dos vías: la europea, a través de Italia, Europa Central y Francia, con la llegada de monjes, cruzaPodría decirse que bordar es pintar con aguja, lo que justifica el nombre latino acupictile.
Para poder bordar son necesarios varios elementos de los que los más importantes son la tela, los hilos, los motivos de ejecución y las técnicas para realizarlos. Las telas más usadas en todas las épocas han sido el lino, la lana o el algodón para los bordados de lujo. Los hilos empleados más frecuentemente son los de lino, lana, seda y algodón y los hilos de cuero para los bordados de piel. Como hemos dicho antes, los hilos de plata y de oro han sido utilizados en los bordados de lujo, aunque hoy en día todavía se utilizan con prudencia en los trajes populares femeninos de Toro y de Salamanca. Con el desarrollo de la industria, los antiguos hilos hechos a mano han sido sustituidos por otros hilos de gran perfección.
Por lo que hace referencia a los colores más usuales en España, en el bordado popular se utilizaron colores muy primarios y generalmente con pocas variantes y matices: blanco, negro, azul, rojo, amarillo y verde. También el azul en sus dos tonos, claro y oscuro.
En los bordados de Lagartera y de Salamanca, los colores predominantes son el rojo, ayudado por el azul y el amarillo. En Segovia, la combinación preferida es el azul y el melado, mientras que en Palma de Mallorca se utilizan casi exclusivamente el azul y el rojo oscuro.
En los bordados de lujo, además de utilizarse, como es natural, el oro y la plata, se da paso a una gran variedad de matices en azul, rojo, amarillo y verde.
La figura que se borda sobre la tela básica constituye el motivo, que puede ser realista, si lo que se borda sigue con exactitud la forma del objeto representado, o estilizado si las formas son alteradas a gusto del ejecutante.

La Mujer es la principal protagonista del hogar

¿Por qué la mujer es la principal protagonista de las industrias caseras?
Indudablemente, gran parte de las lectoras estarán casadas. Quizá muchas de ellas habrán tenido la sensación, en uno u otro momento, de ser una carga para el marido, un elemento improductivo que más que una ayuda constituye una carga para el presupuesto familiar. Quizá tales mujeres habrán querido conciliar el trabajo con la vida del hogar, sin poder conseguirlo. Muchas habrán exclamado alguna vez: «¡Ah, si no fuera por los chicos…!» Pero los niños existen, están ahí y no se les puede desatender. ¿Cómo salir a trabajar fuera de casa, cuando los bebés necesitan del cuidado de sus madres? Hay que bañarlos, darles la papilla, tienen que dormir la siesta, etc. Y más que el trabajo físico —con ser mucho—, los niños constituyen, sobre todo, una gran exigencia de horario que no permite ni siquiera pensar en tener una actividad laboral fuera del hogar. Muchas esposas que habían conti^ nuado su vida profesional después de casadas se han visto obligadas a suspenderla después de la llegada del primer niño, sobre todo durante los primeros años de vida del bebé. Todos los intentos para incorporarse de nuevo a la vida laboral han tropezado, a la hora de querer llevarlos a la práctica, con graves inconvenientes.
Sin embargo, cada vez más, en el mundo moderno se impone que la mujer trabaje, que tenga sus ingresos propios, su independencia económica. Cada vez con mayor fuerza resulta necesario que la mujer sea en el hogar no solamente el ama de casa que se cuida de lavar la ropa y de hacer la comida, sino una colaboradora que comparta realmente, con marido, tanto la responsabilidad económica co: la moral. No intentaremos, ni mucho menos, dar en es líneas una solución a los muchos problemas que las mujer moderna tiene planteados. Eso sería trabajo de economistas y sociólogos y requiere sesudos estudios y planificaciones a escala nacional. Simplemente intentaremos, modestamente, apuntar posibles soluciones individuales que remedien en parte el problema de las mujeres que quieren trabajar, sin necesidad de abandonar su hogar durante muchas horas del día.