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La Mujer es la principal protagonista del hogar

¿Por qué la mujer es la principal protagonista de las industrias caseras?
Indudablemente, gran parte de las lectoras estarán casadas. Quizá muchas de ellas habrán tenido la sensación, en uno u otro momento, de ser una carga para el marido, un elemento improductivo que más que una ayuda constituye una carga para el presupuesto familiar. Quizá tales mujeres habrán querido conciliar el trabajo con la vida del hogar, sin poder conseguirlo. Muchas habrán exclamado alguna vez: «¡Ah, si no fuera por los chicos…!» Pero los niños existen, están ahí y no se les puede desatender. ¿Cómo salir a trabajar fuera de casa, cuando los bebés necesitan del cuidado de sus madres? Hay que bañarlos, darles la papilla, tienen que dormir la siesta, etc. Y más que el trabajo físico —con ser mucho—, los niños constituyen, sobre todo, una gran exigencia de horario que no permite ni siquiera pensar en tener una actividad laboral fuera del hogar. Muchas esposas que habían conti^ nuado su vida profesional después de casadas se han visto obligadas a suspenderla después de la llegada del primer niño, sobre todo durante los primeros años de vida del bebé. Todos los intentos para incorporarse de nuevo a la vida laboral han tropezado, a la hora de querer llevarlos a la práctica, con graves inconvenientes.
Sin embargo, cada vez más, en el mundo moderno se impone que la mujer trabaje, que tenga sus ingresos propios, su independencia económica. Cada vez con mayor fuerza resulta necesario que la mujer sea en el hogar no solamente el ama de casa que se cuida de lavar la ropa y de hacer la comida, sino una colaboradora que comparta realmente, con marido, tanto la responsabilidad económica co: la moral. No intentaremos, ni mucho menos, dar en es líneas una solución a los muchos problemas que las mujer moderna tiene planteados. Eso sería trabajo de economistas y sociólogos y requiere sesudos estudios y planificaciones a escala nacional. Simplemente intentaremos, modestamente, apuntar posibles soluciones individuales que remedien en parte el problema de las mujeres que quieren trabajar, sin necesidad de abandonar su hogar durante muchas horas del día.

Productos elaborados en el hogar

¿Quiénes son los consumidores de los productos elaborados en el hogar?
Principalmente, y en su mayoría, se trata de personas jóvenes. Si echamos un vistazo a nuestro alrededor, veremos que quienes adornan sus cabellos con llamativas y extravagantes flores, sus gargantas con brillantes y extraños collares, su anatomía con prendas fuera de serie y sus habitaciones con objetos exóticos y decoraciones «no clásicas» son, principalmente, los jóvenes y aquellas personas que, sin poder ser consideradas como jóvenes por su edad, mantienen, por el contrario, un espíritu dinámico y renovador.
¿Quiere decir esto que los artículos de las indu trias caseras tienen que ser necesariamente frap-pants llamativos y dislocados? Rotundamente, no. ¿Hay algo más clásico que las mantas de lana teji das a ganchillo que ya nuestras abuelitas y las abu las de nuestras abuelitas, confeccionaban sentadas tras los cristales de las ventanas de sus casas, en tarde lluviosas e invernales? Y, sin embargo, las mencionadas mantas de lana, tejidas con brillantes colores, son el último grito de la moda. Esto quiere decir, simplemente, que los consumidores de los productos de las industrias caseras son personas que saben encontrar la manera de engalanarse y de adornar sus hogares con cosas estéticamente bellas y que no cuestan una fortuna. Y precisamente por eso, porque tales objetos no resultan caros, son susceptibles de ser cambiados y renovados con relativa frecuencia.
¿Quién se atrevería a cambiar de sitio o a suprimir la vieja cómoda de estilo chippendale, que vale una fortuna y que desde tiempo inmemorial adorna la entrada de la casa? Sin embargo, ¿qué cuesta sustituir la sencilla mesa de madera de pino por tres sillas de enea que podemos pintar, por ejemplo, de color naranja?
Si observamos con atención a nuestro alrededor, como ya hemos mencionado anteriormente, veremos que en las famosas boutiques, tan de moda últimamente en nuestro país, se venden toda una serie de objetos que se llaman choses, things u otros nombres más o menos extranjeros, y que son, ni más ni menos, productos de las industrias que nos ocupan: collares, bolsos de punto, pequeños objetos decorativos construidos en madera o en metal, juguetes ingeniosos, cojines de lana, «ponchos», mantas, flores de papel, boinas de punto, calcetines extravagantes, tapetes de arpillera, pantallas de formas diversas, etcétera.

Revalorización, en la actualidad, de los productos industriales caseros

Tal vez muchos de ustedes consideren que hablar de las industrias caseras en la segunda mitad del siglo xx —en plena época de desarrollo industrial, cuando ha sido necesario añadirle el prefijo neo a la palabra capitalismo e incluso grandes empresas sienten la necesidad de asociarse en trust para mejor servir a eso que se ha dado en llamar «la sociedad de consumo»— sea un anacronismo, un arcaísmo propio de la Edad Media. Y, efectivamente, no dejarán de tener razón los que tal piensen. Porque en la época de los supermercados, de los higiénicos envoltorios de plástico, de la carne y delpescado congelados, en el tiempo en que los alimentos para perros y para gatos se presentan al consumidor en llamativas y cómodas latas de conserva, ¿qué cosa mejor pueden ofrecernos las industrias caseras?
Mas precisamente por este automatismo, por esta fabricación en serie, el ciudadano de las grandes ciudades, de los formidables núcleos urbanos, siente el deseo de encontrar un escape, llamémosle poético, a tanto progreso de la técnica moderna. Así, pues, nace en él o reencuentra ese gusto por las cosas fabricadas a mano, una a una; ese placer de saber que el objeto que adquiere es diferente a otro, aunque sea de la misma especie y forma, por el hecho de que su fabricación es de artesanía, a causa de no haber sido fabricado con una impersonal máquina en una fábrica donde se trabaja en cadena, ni ha sido modelado por un frío troquel.
Naturalmente, no pretendemos sobrestimar las industrias caseras, pero sí insistiremos en que actualmente los productos fabricados a mano vuelven a ocupar un lugar preponderante. Un lugar del que habían sido injustamente desplazados por los artículos fabricados en serie.

La construcción en madera, trabajos de mimbre y de rafia

La construcción en madera, los trabajos de mimbre y de rafia, las labores en general, la’encuademación artística, la modistería, la realización de souve-nirs, etc., servirán como ejemplo para ilustrar qué es lo que se entiende por industrias caseras.
Naturalmente, sería imposible agotar el tema en un solo volumen, pero, no obstante, intentaremos dar una visión de conjunto para que el lector sepa cuáles son aquellos objetos que pueden ser realizados con un propósito comercial.
Así, pues, ya tenemos definido qué es una industria casera: fabricación de objetos que pueden realizarse en casa sin necesidad de mucho espacio, con pocas herramientas y que, además, son susceptibles de explotar comercialmente.
Ahora, si queremos iniciarnos en un trabajo de este tipo, habremos de tener una idea bien clara sobre lo que se debe hacer para mejor conjugar el ingenio y la voluntad, y llevar a feliz término la tarea emprendida. Será necesario, además, tener pequeños conocimientos, nociones generales y decimos nociones generales porque no pretendemos que este libro constituya un tratado— para poder iniciar dicho tipo de trabajo. Nuestra intención es, más que descubrir el secreto  que> por otra parte, no existe— de las industrias caseras, poner al descubierto una serie de pequeños detalles que faciliten la tarea y que sirvan de punto de partida a aquel que quiera iniciarse en esta labor.
¿Quién no se ha preguntado alguna vez: «Me gustaría hacer algo, pero, ¿qué?»? Una respuesta a tal pregunta es lo que nos gustaría facilitar, teniendo en cuenta, además, las inclinaciones y las aptitudes de cada cual.
¿Le gusta a usted trabajar la madera? Entonces, ¿por qué no utiliza esa afición y esa habilidad manual para fabricar, por ejemplo, pequeño mobiliario de artesanía que le producirá, además de una satisfacción estética, ingresos no despreciables? ¿Son las formas y los colores lo que le gusta combinar? ¿Por qué no se toma en serio esa afición y se decide usted a fabricar collares? Usted, señora, hace ganchillo desde siempre, así simplemente, porque le gusta. ¿Por qué no se dedica a la fabricación de cojines u otras prendas de punto, que tanta aceptación tienen ahora?

Las industrias caseras

Sin duda, al tropezarse con este título, muchos lectores se preguntarán: Pero, ¿qué son las industrias caseras? ¿Acaso es el trabajo que la mujer realiza en el hogar, propio, por lo tanto, de una ama de casa? ¿Acaso son los pequeños arreglos que los mañosos llevan a cabo en sus viviendas? Nada de eso, aunque, como explicaré después, la mujer será una de las principales protagonistas de las industrias caseras. Pero no precisamente en relación con sus deberes de madre y esposa, sino más bien como una consecuencia de estas dos funciones. Mas dejemos para más adelante dicho tema y tratemos de definir qué es, más o menos, una industria casera.
Las industrias caseras tienen una gran preponderancia y el ingenio de miles y miles de personas se hace patente en una serie de objetos, de entre los cuales creemos sinceramente que algunos pueden ser catalogados como verdaderas obras de arte.
Las industrias caseras serán, pues, la fabricación de una serie de objetos que puedan realizarse en casa, sin tener necesidad de mucho espacio para ello y utilizando solamente un reducido número de herramientas.
Pensamos que un sitio como éste será bien recibido por el público, ya que en él se encontrarán normas para que los trabajos de este tipo puedan ser llevados a cabo con la mayor facilidad, con el menor esfuerzo y también con un mínimo de desembolso inicial. Porque los trabajos de las industrias caseras podrán realizarse para algo más que dar rienda suelta a una actitud creadora o para adornar el propio hogar. Es decir, y creemos que éste es uno de los puntos más interesantes a tratar, como un medio para ganarse la vida, disponiendo, al mismo tiempo, de una independencia de horario y de una libertad de acción creadora que otros oficios o empleos difícilmente nos permitirían.